Por Román Ceano
Tras el desembarco de los Aliados en el norte de África, mientras los alemanes ocupaban el sur de Francia, Kesselring había ordenado ocupar Túnez, haciendo cruzar tropas desde Sicilia. El Mediterráneo es tan estrecho en ese punto que no le pareció prudente dejárselo a los americanos que avanzaban desde Argel. Estos lanzaron un pequeño ejército que intentó llegar antes de que los alemanes consolidaran sus posiciones. Cuando llegaron los estadounidenses, el general Von Arnim se había atrincherado utilizando las líneas y fuertes franceses, haciendo inviable un golpe de mano.
La prudencia estatégica de Kesselring había salvado al Afrika Korps, dando a Rommel una alternativa al suicidio colectivo. Podía incorporarse al perímetro de Von Arnim, y ayudar a organizar una defensa activa, realizando salidas que desarticularan los preparativos de asalto aliados o situándose en la reserva para acudir a los puntos de ruptura.
Estaba claro que Montgomery se detendría en Tripoli a reorganizar toda la logística para dejar de abastecerse por tierra desde Egipto. Como el puerto estaba muy maltrecho por las demoliciones sistemáticas, le llevaría semanas volver a ponerlo operativo. Era el momento de ocuparse del otro brazo de la pinza -los americanos- tal como Napoleon enfrentó a Blucher antes de lanzarse contra Wellington. Un golpe enérgico por sorpresa los desorganizaría y les haría retroceder. Una vez frenado el avance aliado desde el oeste, sería el momento de sorprender al Octavo ejército, cuando reanudara su cansino avance desde el este.